Inscripciones catequesis 2021

 Septiembre

Todos los martes de 18 a 20h

Todos los ciclos tienen que hacer la inscripción:

 1º, 2º y 3º 

Inscripción Grupo Confirmación Adultos


- 25 euros de inscripción para primero, segundo y tercer ciclo (incluye materiales).

- Primer ciclo: traer foto tamaño carnet y nota bautismal

- Confirmación: traer nota bautismal y 10 euros.




 


Corpus Christi

 Cuerpo y Sangre de Cristo

(Corpus Christi)


Oh Dios, Padre lleno de amor, que salvaste a tu pueblo, enviándole el maná “que no conocían sus padres”, y el agua que sacaste “de una roca de pedernal”.

Gracias a ti, Señor Jesús, pan verdadero bajado del cielo, como comida, y tu sangre como bebida, que te revelas como el verdadero Moisés y vas saciando día a día mi hambre y mi sed para darme vida eterna.

Santísimo Sacramento, Eucaristía divina, manjar exquisito, tienes todos los sabores. Tu Palabra me lo pregona. Me sabes a tierra y a cielo. Lo aprendo de los sabios y los santos, y lo gusto sin esfuerzo. Es de ti, Cristo, y de tu evangelio donde yo lo libo por tu Espíritu. ¡No hay banquete mejor!

Cuando tú te me das, mi mesa se llena de golosinas para gustar, menús de amistad para compartir; manteles blancos de pureza y de ternura con sabor fraterno y comunitario; intercambio de regalos y mutua entrega; son deleites de Eucaristía: sales a las encrucijadas, convocas a todos, invitas a niños, abrazas a enfermos, visitas a presos, reconcilias a los alejados, creas comunidades, las sitúas en el misterio de la Cruz, eres memoria de la Pascua, nos haces partícipes de tu Resurrección.

Te alabo y te bendigo, Jesús sacramentado, con la antífona de ecos litúrgicos:


¡Oh sagrado banquete!

en el que Cristo es comido,

la memoria de su Pasión es renovada,

la mente se llena de su gracia

y una prenda de gloria futura

nos es dada.

¡Aleluya!

P. Félix Ramos, CP.
feralo34@hotmal.com
 

 

Santísima Trinidad

Santísima Trinidad, Te confieso mi fe en Dios Padre misericordioso, en Jesucristo tu Hijo único y en el Espíritu Santo Paráclico. Proclamo tu divinidad aceptando el bautismo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo para la remisión de los pecados y la recepción de la Vida Nueva.


Te agradezco, Trinidad Santísima, tu amor infinito y gratuito gracias al Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo, y Te adoro en oración y silencio por nuestro Señor Jesucristo que vive y reina con el Padre en la unidad del Espíritu Santo.

Santísima Trinidad, unjo con óleo a la humanidad vulnerable y enferma para que el Señor la reconforte por el poder del Espíritu de Dios, y Te presento a los difuntos confiándolos a la misericordia del Padre que tiene muchas moradas y del Hijo a quien resucitó el Espíritu Santo.

Trinidad Santísima, someto con gusto toda mi existencia cristiana a tu voluntad para que se desarrolle en la Iglesia bajo tu Palabra, en la comunión de las tres Divinas Personas y en la presencia de tu santa Eucaristía.

Proclamo, Trinidad Santísima, el amor infinito y gratuito del Padre que Jesús me ha dado en la cruz, ofreciendo su vida “por nuestra salvación”, y por la acción del Espíritu Santo que irradia luz nueva sobre la faz de la tierra y en cada corazón humano que le acoge.

Santísima Trinidad, te alabo y te bendigo, con todo mi ser: Padre, Hijo y Espíritu Santo, vivo consciente de que habéis venido a mí y habéis hecho morada en mí. ¡Cuánto me amáis!

Que la Virgen María interceda por mí para que me introduzca, con todo mi amor, en la Comunión trinitaria con el fin de vivir y testimoniar el amor que da sentido a mi vida “para alabanza de tu gloria”.

 P. Félix Ramos, CP.

feralo34@hotmail.com
 

 

 

 

Pentecostés

8ª Semana Pascua
RECIBID EL ESPÍRITU SANTO



Señor Jesús, gracias por el envío de tu Espíritu. Que lo que prometiste que haría el Espíritu de la verdad se cumpla en mi vida. ¡Ven, Espíritu Santo, llena mi corazón y enciende en mí el fuego de tu amor! Sólo en la acción de tu ministerio se renovará la faz y la realidad de mi existencia hasta que llegue a ser cristiano, otro Cristo. Haz que prolongue tu presencia viva entre los hombres y mujeres.

Espíritu divino, lava en mí lo que está manchado, riega lo que está árido y sana lo que está en mí enfermo; doblega lo que en mí está rígido, calienta lo que está frío y endereza lo que en mí está desviado.

Ven, Espíritu Santo, con tu brisa suave; despierta en el corazón de la Iglesia el amor del tiempo primaveral, el amor de la fresca juventud, el amor capaz de hacer superar todos los obstáculos que presentan los miedos humanos, capaz de romper todas las barreras de la prudencia miope.

Desciende, Santo Espíritu, sobre la Iglesia y toca con tu suave brisa las cuerdas de su corazón, haz desprender de ellas la armonía del canto de la libertad y de la alegría, que den voz a todos los pueblos de la tierra y los conduzcan a la verdadera fraternidad y paz universal.

¡Gracias, Jesús resucitado, porque me habitas con la Palabra de tu evangelio, me mueves con la fuerza de tu Espíritu y me tocas con la gracia de tu Eucaristía! ¡Aleluya! 
 
P. Félix Ramos, CP.

feralo34@hotmail.com
 


 

La Ascesión

7ª Semana Pascua 

EL RESUCITADO
“SUBIÓ AL CIELO”

Tras de ti, Jesús, van mis ojos hacia el cielo donde vas a ser glorificado y sentado a la derecha del Padre. Me quedo mirándote … y te pido con la Iglesia: “Llévame en tu compañía / donde tú vayas, Jesús, / porque bien sé que eres tú, / la vida del alma mía; / si tú vida no me das, / yo sé que vivir no puedo, / ni si yo sin te me quedo, / ni si tú sin mí te vas”.

Y quiero saber qué es para ti, Jesús, volver al seno de tu Padre con tus manos llagadas, tus pies ensangrentados y el costado con tu llaga de amor. ¡Qué alegría siento ahora, Jesús mío, más y más en profundidad! ¡Con los premios de tu victoria!.

Y me dices que baje de esta altura a la tierra, dispuesto a dar testimonio de tu amor y de tu gloria. Que no me quede mirando al cielo, sino que pise el suelo y anuncie al mundo que te has ido para interceder por nosotros y prepararnos un lugar en la gloria.

Al oírte hablar así, siento gozo y placer, porque donde estás tú, que eres nuestra Cabeza, estamos destinados a estar nosotros que somos tu Cuerpo. Me animo a seguir mi camino y qué gran felicidad experimento, Señor Jesús, cuando tú te acercas a mí y te pones a mi lado a caminar conmigo.

Yo mismo me admiro, antes me cansaba, y aunque no sé explicarme el por qué de mi cambio, me doy cuenta que nantes iba solo y ahora tú vas conmigo. ¡Todo entero te me das, todo entero tú me quieres! ¡Aleluya!

P. Félix Ramos, CP.

feralo34@hotmail.com

 


 

Sexta semana

 EL RESUCITADO
“PERMANECED EN MI AMOR”


Jesús resucitado, con la alegoría de la vid y los sarmientos te me presentas y te me identificas, y nos reconocemos; yo soy uno de ellos. Tú, Señor Jesús, eres la auténtica vid, y nosotros los pámpanos que tú haces brotar de ti mismo y a quienes nos comunicas tu vida y tu Espíritu.

Corta en mí lo que está enfermo y no procede de ti, poda en mí los afectos desordenados que impiden la unión contigo. Aunque me duelan tus golpes, aunque brote sangre de las heridas, lo que importa es que la unión permanezca y dé frutos de bendición.

La permanencia en ti, Jesús, significa permanecer en tu amor, es decir en esa circulación de caridad, de mutua donación que es la vida trinitaria en sí misma y en su apertura hacia mí. ¿Cómo es posible, Jesús, que me elijas a mí, habiendo tanta gente buena que encajaría mejor en tu amistad, conociendo mi debilidad y lo inútil que soy? Tu amor misericordioso fortalece mi fragilidad y hace que me deje modelar por tu Palabra y responder con mi vida a tu elección que es lo mejor qque me ha sucedido.

No quiero, Jesús, gloriarme en mis frutos sino en tu unión conmigo. Esta unión es mi gloria y mi salud. Tú me has elegido, estoy en tus manos, haz de mí lo que quieras. Por todo te doy las gracias. ¡Aleluya! Amén.

P. Félix Ramos, CP.

feralo34@hotmail.com

 


 

Quinta semana

 EL RESUCITADO

“VERÁN AL QUE TRASPASARON”


Hoy levanto mis ojos a ti, Jesús resucitado, y quiero ver tus llagas, especialmente la de tu costado, que nuestro piadoso escultor te ha liberado, y que tú guardas en tu pecho. ¡Cuántos corazones te han mirado y han quedado como el tuyo traspasados! Déjame contemplar la llaga de tu corazón y méteme, Jesús, en ella para no salir nunca, sino morar siempre dentro. Es

* Boca por la lanza abierta, que me habla de tu Pasión con sangre sanadora.

* Veta de fuego, - hermoso rubí - que el amor de tu corazón encandece.

* Respiradero de hoguera, que tu pasión purifica y acendra en el crisol de tu amor.

* Surtidor de Agua Viva, que sacia mi sed de Dios.

* Gotera divina, que horada hasta el corazón más duro.


Ahí, en tu corazón cabrá el mío y se calentará en la llama de tu amor. Porque, ¿quién, estando en el fuego, no se va a calentar? ¡Oh, si yo ahí morase! ¡Qué bien me iría! ¿Cuál es la causa, por la que tan pronto me salgo de ella? ¿Por qué no tomo esta morada en el alto monte de la cruz donde tú te transfiguraste de dolor y deshonra en hermosura y en gracia?

Y si un poco de fuego enciendes en mí, guárdamelo bien, no me lo apague el viento de mi egoísmo, cúbremelo con ceniza de humildad para que quede vivo y pueda hacer obras de servicio y caridad. Te pido que tu corazón traspasado mueva a todos los corazones que vengan a contemplarte. ¡Aleluya!

P. Félix Ramos, CP.

feralo34@hotmail.com
 

 

Cuarta Semana de Pascua

EL RESUCITADO
“A QUIEN PERDONÉIS LOS PECADOS ...”



Huele a perdón. Sí, Jesús. En este conjunto escultórico del retablo de la iglesia Santa María Goretti “hueles” a perdón. Estás vivo por el arte de la gubia del piadoso escultor, miras y provocas la escena esculpida. En el aroma de los dos lirios, el de la virginidad y el de la gracia, que la joven Marietta frece al agresor arrepentido, va el perfume de tu perdón.

El olfato es el único de los cinco sentidos que no participó en el pecado de los orígenes, tiene su propia nobleza al servicio del alma. Por eso tú, Jesús, abundas “en el amor del Señor” (Is 11, 3). El olfato no se ve, pero se siente. Es como tu Espíritu. Marca un papel fundamental en la esfera afectiva y emocional. Y siempre en referencia a la mujer.

En el jardín encantado del Cantar de los Cantares, la Amada está en un campo de lirios inhalando aromas de nardo y áloe que le ofrece su Amado. En el libro del Eclesiástico oímos hablar a la Sabiduría personificada, que construye el santuario con aromas de toda especie (Eclo 24, 15). En Betania, María, la hermana de Marta, rocía tus pies, Jesús, con una libra de olor a nardo auténtico. En la casa de Simón, el fariseo, otra mujer unge, Jesús, con perfume especial en agradecimiento.

Te veo, Cristo, como lirio del valle del dolor, entre cardos, regado con lágrimas de los hijos de Adán, y convertido en blanco lirio que recoges el rocío del cielo y nos lo escancias en perfumes de perdón. Cristo resucitado, te proclamo como rosa perfumada, flor de la nueva creación, con cinco pétalos - llagas escondidas en el pecho - que forman el oloroso cáliz de tu henchido corazón que destila el aroma del amor. ¡Aleluya!

P. Félix Ramos, CP.

feralo34@hotmail.com
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Tercera semana de pascua

EL RESUCITADO

“LE RECONOCIERON AL PARTIR EL PAN”


Jesús resucitado, confieso que te me muestras cada día bajo las especies de pan y vino, en tu Palabra, con los nombres de fracción del pan, acción de gracias, pan de ángeles, Sacramento del altar. Nombres de gran calado teológico, surgidos de las páginas bíblicas. Te pido me dejes comer con hambre este pan y establecer una resuelta y radical analogía entre el sacramento de la comunión eucarística y la lectura de la Palabra: las dos son comida.

Para mí, Señor Jesús, esta bibliofagia, acto simbólico sugerido en tus profetas Jeremías, Ezequiel y Apocalipsis, en la Escritura, y esta teofagia eucarística en la liturgia, decantan - plásticamente - comida que quema, amor que es hambre, hambre de la Palabra que se hace carne, carne de inmortalidad que se hace vida, vida sin saciarse que se hace divina.

Jesús Maestro, el libro vivo de tu cuerpo, la hostia y el crucifijo son tales que obligan a devorarlos, me convierten en carne de tu carne, y el que la come, si a la vez está de verdad vivo, revive con esta tu comida de resurrección.

Te doy gracias, Jesús, porque te veo dándole agua a mi sed, peces a mi red, trigo a mi tierra, Pan a mis ganas de comer. Hoy consagro el Pan que multiplicas y compartes invitando a todos a tu doble mesa… Y me quedo extasiado ante el Misterio… ¡Ambos abrazados en banquete nupcial! ¡Apasionados y eucaristizados! Hoy la Pasión es Pascua! ¡Aleluya es nuestro canto!

Félix Ramos, c.p.
feralo3@hotmail.com
 

 

Segunda semana de Pascua

  EL RESUCITADO
 

 “ID A GALILEA...AHÍ ME VERÉIS”


Toda la semana, Jesús mío, ha estado resonando en mis oídos que mi vida cristiana pasa por dar de comer al que tiene hambre, visitar a los enfermos, especialmente a los que sufren por esta pandemia del covid-19. En ellos, en cada hermano que visito, encuentro tu carne, tu cuerpo, te encuentro a ti.

¡Qué calado alcanza mi meditación cuando voy descubriendo que eres tú, Jesús, quien te pones a mi lado y mendigas mi ayuda! Quiero vaciarme de mí mismo y llenarme de tu misericordia para ponerme todo entero a disposición de quien encuentro con necesidad.

Te colocaste, Cristo resucitado, a la puerta del reino de la muerte, y tu silencio en la tumba es un Sí por el que, los que creemos en ti, al ser tocados por tu cuerpo en la eucaristía, volvemos a la vida, a Galilea, a escucharte decir: “Tuve hambre y me disteis de comer …” (Mt 25, 35). De ahí que tu cruz, antaño féretro, es ahora cuna de resurrección. Tu silencio en la tumba es un fuerte Sí - Palabra eterna - que lleva vida, resurrección, cielo.

Confieso, Cristo mío, que tú, Palabra encarnada, viviste con nosotros e hiciste de nuestras carnes pecadoras cuerpos espiritualizados (solidarios) que habiten el cielo para siempre. Confieso, además, con orgullo que tu muerte en la cruz es prenda de la resurrección de nuestros cuerpos. ¡Aleluya!

P. Félix Ramos, c.p.

feralo34@hotmail.com

 



 

Primera Semana de Pascua

EL RESUCITADO
“¡NO ESTÁ AQUÍ!”

Jesús, hoy vengo a ti muy contento. Después de haberte contemplado durante la cuaresma en el Cristo de mi habitación del pintor sevillano Diego de Velázquez con mirada atenta en el INRI, sentencia de tu injusta condena; en la corona de espinas, instrumento de burla y humillación; en tu cabeza inclinada y obediente; en tus ojos velados y sin luz; y en tus manos - taladradas - apretando sendos clavos y derramando sangre, … ahora en estas semanas pascuales quiero contemplarte - como Protagonista - en el Cristo del retablo del conjunto escultórico de mi parroquia “Santa María Goretti”, del artista gallego Suso de Marcos, hipocorístico de Jesús López García, malagueño por adopción.

Jesús, te veo - transfigurado en la cruz - , sin el INRI de la sentencia, sin la corona de espinas de burla y humillación, sin heridas, sin sangre, sin hechos de muerte… Por el contrario, estás erguido, sin gravedad, como aéreo, con la cabeza levantada, de frente como en camino, con los ojos abiertos hacia la escena del perdón que la agredida adolescente ofrece a su agresor. Has asumido los hechos de muerte guardándolos en tu corazón y los has cambiado en hechos de vida en virtud de tu amor. Te felicito. ¡Feliz intercambio!

Te doy gracias, Jesús, porque moviste al piadoso escultor a esculpir tu misericordia y perdón … y siento en mi interior, Jesús mío, que me haces una clara invitación a pasar de la contemplación a la acción. Que no te busque “entre los muertos”. Que vaya a Galilea, lugar del mundo - herido y vulnerable - , donde practique en mis hermanos las obras de misericordia, que son actos de resurrección. Jesús transfigurado, concédeme la gracia de desear que los demás sean más estimados que yo. ¡Aleluya!

P. Félix Ramos, CP.
feralo34@hotmail.com
 

 

Cuaresma 6

EL CRUCIFIJO

INDICE DE TU DIESTRA



Hoy pongo los ojos en el dedo índice de tu mano derecha, Cristo, porque tú eres el dedo creador de de la diestra de Dios tu Padre. Ya reconoció la Biblia en el pasado tu presencia y acción, cuando dice en el Antiguo Testamento: “El dedo de Dios está aquí” (Dt 8, 15). Y yo te denomino en el Nuevo Testamento como dedo:

* escribiente, porque tú, - agachándote - , escribiste en tierra con tu dedo ¡tú eres la Palabra! sin tinta ni pluma… (Jn 8, 6-8).

* sanador, porque tú, al toque suave de los párpados del ciego, este quedó curado… (Mc 8, 23).

* exorcista, porque en tu humildad con el dedo de Dios expulsaste a los espíritus inmundos… (Mc 1, 27-28.

* perdonador, porque, a tu indicación, la adúltera se fue con los brazos cruzados sobre el pecho como guardando en él la prenda de tu perdón, cual madre apechugando al hijo recién nacido (Jn 8, 11).

* liberador, porque me presenta, desde el estandarte de tu cruz, lo que está escrito en el libro eterno de la vida …: liberación.


Me quedo contemplando la lección de la conciencia que tu dedo me traza, lección de tu libro abierto, que es la cruz, escrito por dentro y por fuera: humildad. Y HOY te sello mi compromiso: “Mi nueva existencia escribirá, sobre la tierra que piso, la lección del perdón que me dejas”.

P. Félix Ramos, CP.
 







 

SEMANA SANTA 2021

 SEMANA SANTA en GORETTI

La mejor de las semanas…
año 2021 



DOMINGO DE RAMOS

 

Misa 10, 12 y 20h
Bendición Ramos: 12h




JUEVES SANTO

Cena del Señor: 18h
Colecta por Cáritas.
Hora Santa: 21h




VIERNES SANTO

Viacrucis 12h
Celebración de la Pasión y Muerte: 18h.

Colecta por Tierra Santa




SÁBADO. 

Oración con la Virgen de los Dolores 

12h

Solemne Vigilia Pascual
20h.


DOMINGO DE PASCUA
MISA: 10, 12 y 20

 

¡Feliz Pascua de Resurrección!

 Comunidad Pasionista Santa María Goretti

 

 

Cuaresma 5

EL CRUCIFIJO

T U S   M A N O S



Hoy me fijo en tus manos, Jesús; son esa parte de tus brazos que va de la muñeca hasta la extremidad de los dedos; manos cosidas a la cruz. Las veo como ramas fecundas de un árbol, hartas de frutos abundantes. Son:

* las que abrieron los oídos a los sordos…

* las que levantaron a la hija de Jairo…

* las que acariciaron, en toque de amor, a los niños…

* las que repartieron el pan de tu cuerpo al despedirte …

 
Me fijo detenidamente en ellas y veo que son como fuentes que manan sangre que cae sobre:

* los ojos de los que ven …

* los oídos de los que oyen …

* los cabellos de los niños …

* llueven sangre de roja y caliente a tierra, 
y se alzan a tu Padre pidiendo perdón …


¿Cuál es la llave de fuerza que las abre? ¿Dónde está el origen secreto de vida que las fecunda? ¡Ah, sí! El amor de tu pasión y muerte. ¡Gracias Jesús! Su memoria es “remedio de todos los males” (sordera, parálisis, caos, etc.). “Causa de todos los bienes” (vista, oído, salud, etc.). ¡Gracias Jesús por tus manos sanadoras!

P. Félix Ramos, CP.
 

 

 

Cuaresma 4

 EL CRUCIFIJO

T U S  O J O S

 

 Hundo mi mirada en ti, Cristo mío, y veo tus ojos - velados - entre la celosía de tu melena, como palomas cándidas esperando a tu Padre. No hay aquí los torpes deseos del que acusa a su prójimo, o del que viendo la paja en el ojo ajeno no ve la viga en el propio, o del que busca en ti no al Redentor sino al Juez. Veo en tus ojos, Jesús, perlas de fuego que se estremecen y tiemblan y que, a través de tus párpados, contemplan con mirada dulce el verdor de la tierra que dio la sangre a tus venas.

Más aún, veo esos tus ojos iluminando los rincones de mi corazón; ojos tuyos de amor que, para mí, son azules, como el cielo azul, sencillos, claros y castos, y los llamo “luces de tu cuerpo”, porque sus niñas te brillan con el fulgor divino de tu amor.

Contemplo, además, el velo blanco de tus párpados caídos - alas de esas palomas que vuelan siempre hacia su nido celestial - ; sellan tu mirar con sello de sangre y perdonan con solo mirar. Te aplaudo, Jesús, con las dos manos y te alabo la bondad de tu amorosa mirada a Pedro, quien - arrepentido y perdonado - llora su culpa, al ver tus ojos, hartos de perdón.

Mis ojos, Señor, no se cansan de mirar los tuyos y contemplarte en los de mis hermanos, ni mi corazón de penetrar en el tuyo y en el de los más vulnerables. Del deseo de ser alabado, líbrame, Señor.

P. Félix Ramos, CP.

 


 

Cuaresma 3

 EL CRUCIFIJO
TU CABEZA


Muevo los ojos y los detengo en tu cabeza, Jesús. Es la parte superior de tu ser. La doblas, Jesús, sobre tu pecho, como una azucena ajada por el sol sobre su tallo: el peso de la ciencia del mal dobla tu frente. Veo tu rostro, Cristo, como oculto y despreciado con la vergüenza del linaje humano.

Aunque te veo dormido de dolor y sufriendo todo el pesar del mundo, te tuteo con todos los casos de la segunda persona de singular. Sólo tú conoces el mal en sus raíces; a ti te pesa, pues te lo apropias. Con tu visión de amor nada se te escapa, te vistes de pecado y, al perdonar al hombre, no te perdonas a ti mismo, el único sin pecado; tomaste sobre ti la triste ciencia amarga del bien y del mal y poblaste el cielo de almas que arrancaste al mundo, ladrón de energías.

Así, humillado y degradado, eres “el más hermoso de los hombres” (Sal 45, 3) como cuando Pedro vio tu rostro resplandeciente en el Tabor. Tu rostro me enseña a mí todo cuanto mi corazón necesita para acercarme a mis hermanos más débiles y vulnerables.

Me basta mirar, Maestro, a tu cabeza para que se me apague mi inmenso orgullo y se encienda en mí el deseo de ser humillado. Me estremezco, Señor, cuando pienso que yo mismo te he escupido en tu rostro, y que he arrojado sobre ti la basura de mis deseos negativos. Oigo con sorpresiva admiración la primera palabra de tus labios en la cruz: “Padre, perdónale ...”. ¡Gracias Señor por tu perdón!
 

P. Félix Ramos, c.p.

 


 

Cuaresma 2

EL CRUCIFIJO

CORONA DE ESPINAS

Vengo otra vez ante ti, Jesús, y hoy bajo un poco los ojos del INRI a la Corona de espinas; me entero que, mientras los judíos pretenden obtener de Pilato la sentencia de crucifixión, los soldados te llevan al pretorio para divertirse a tu costa, y te ponen la corona de espinas en la cabeza, caricatura de la diadema real, un manto de púrpura en los hombros y una caña, a modo de cetro, en la mano derecha; se arrodillan ante ti y te saludan entre risotadas diciendo: “¡Salve, rey de los judíos!”. (Mt 27, 29). ¡Escena de burla y humillación! ¡Parodia de realeza y preludio de dolor!

Al impacto de los golpes con la caña, la corona se mueve y cae sobre tu frente y las púas se hunden en tu delicada piel: son mis pecados que te punzan sin piedad. Y brota tu sangre caliente que te baña y me sonroja... que siente y de mí se compadece... que oye y ve y me perdona … y viene a mi mente la música del Pregón Pascual “Felix culpa”, madre del remordimiento, fuente de redención, culpa fecunda, glorioso intercambio.

¡Oh sangre redentora! ¡locura de amor! ¡dolor sabroso! Tú me borras el dejo del vinagre que el mundo me da en el señuelo de su vano consuelo. No está bien, Señor, que yo busque regalos, cuando tu cabeza está coronada de espinas. Tú pagas con espinas mis pensamientos placenteros; no está bien que yo deje de besar las heridas de tus hermanos con el bálsamo de mis caricias... Señor, me alegraré que me dejen en el último lugar.

Félix Ramos, CP.
 

 

Cuaresma 1: El Crucifijo

 1ª semana Cuaresma

El Crucifijo

I N R I



Me dispongo, Jesús Crucificado, en esta Cuaresma-Pascua a tener contigo ritmos de diálogo en oración contemplativa ante el Crucifijo del pintor sevillano Velázquez, que tengo en mi habitación. Y quiero mirarte “de arriba abajo”, como hace la Amada al Amado en el Cantar de los cantares (Ct 5, 9-16), a la inversa del Amado a la Amada que la contempla “de abajo hacia arriba”.

Y pongo los ojos primeramente en el acróstico I N R I, (Iesus Nazarenus Rex Iudeorum = Jesús Nazareno Rey de los Judíos), título de tu cruz, cartel con letras latinas en negro, bien visibles y además en hebreo y en griego, para que todos se enteren de la causa de tu condena. Te condenan porque dijiste que eras rey. ¡Tamaña mentira! ¡Injusta condena!

Y ¿qué pensaste entonces, si tú habías dicho: “Venid a mí todos, que soy manso y humilde de corazón”? Me vienen a la mente , Jesús, las tentaciones que te asaltaron en el desierto, y las que padecieron los primeros padres en el jardín. Estos perecieron, tú saliste victorioso. Por ellos el jardín se convirtió en desierto; por ti el desierto se trasformó en jardín.

Gracias a tu victoria, Jesús Nazareno, el don de la gracia, que te pertenecía a ti solo, abundó para todos, hombres y mujeres. Desde tu victoria, me es posible recuperar la conciencia de ser hijo de Dios y valorar lo que significa haber sido hecho “a tu imagen y semejanza”. Tu amor convirtió la injusta condena en salvación.

Tengo reciente la imposición de ceniza que evoca el polvo del suelo, con ella me diste un aliento de vida que me convirtió en ser vivo. El proceso es una realidad, porque tu gracia es mayor que mi pecado. Siempre puedo comenzar de nuevo, si me abro a tu misericordia. ¡Del deseo de ser alabado, líbrame, Señor!

                                                                            P. Félix Ramos, c.p.