Sexta semana

 EL RESUCITADO
“PERMANECED EN MI AMOR”


Jesús resucitado, con la alegoría de la vid y los sarmientos te me presentas y te me identificas, y nos reconocemos; yo soy uno de ellos. Tú, Señor Jesús, eres la auténtica vid, y nosotros los pámpanos que tú haces brotar de ti mismo y a quienes nos comunicas tu vida y tu Espíritu.

Corta en mí lo que está enfermo y no procede de ti, poda en mí los afectos desordenados que impiden la unión contigo. Aunque me duelan tus golpes, aunque brote sangre de las heridas, lo que importa es que la unión permanezca y dé frutos de bendición.

La permanencia en ti, Jesús, significa permanecer en tu amor, es decir en esa circulación de caridad, de mutua donación que es la vida trinitaria en sí misma y en su apertura hacia mí. ¿Cómo es posible, Jesús, que me elijas a mí, habiendo tanta gente buena que encajaría mejor en tu amistad, conociendo mi debilidad y lo inútil que soy? Tu amor misericordioso fortalece mi fragilidad y hace que me deje modelar por tu Palabra y responder con mi vida a tu elección que es lo mejor qque me ha sucedido.

No quiero, Jesús, gloriarme en mis frutos sino en tu unión conmigo. Esta unión es mi gloria y mi salud. Tú me has elegido, estoy en tus manos, haz de mí lo que quieras. Por todo te doy las gracias. ¡Aleluya! Amén.

P. Félix Ramos, CP.

feralo34@hotmail.com

 


 

Quinta semana

 EL RESUCITADO

“VERÁN AL QUE TRASPASARON”


Hoy levanto mis ojos a ti, Jesús resucitado, y quiero ver tus llagas, especialmente la de tu costado, que nuestro piadoso escultor te ha liberado, y que tú guardas en tu pecho. ¡Cuántos corazones te han mirado y han quedado como el tuyo traspasados! Déjame contemplar la llaga de tu corazón y méteme, Jesús, en ella para no salir nunca, sino morar siempre dentro. Es

* Boca por la lanza abierta, que me habla de tu Pasión con sangre sanadora.

* Veta de fuego, - hermoso rubí - que el amor de tu corazón encandece.

* Respiradero de hoguera, que tu pasión purifica y acendra en el crisol de tu amor.

* Surtidor de Agua Viva, que sacia mi sed de Dios.

* Gotera divina, que horada hasta el corazón más duro.


Ahí, en tu corazón cabrá el mío y se calentará en la llama de tu amor. Porque, ¿quién, estando en el fuego, no se va a calentar? ¡Oh, si yo ahí morase! ¡Qué bien me iría! ¿Cuál es la causa, por la que tan pronto me salgo de ella? ¿Por qué no tomo esta morada en el alto monte de la cruz donde tú te transfiguraste de dolor y deshonra en hermosura y en gracia?

Y si un poco de fuego enciendes en mí, guárdamelo bien, no me lo apague el viento de mi egoísmo, cúbremelo con ceniza de humildad para que quede vivo y pueda hacer obras de servicio y caridad. Te pido que tu corazón traspasado mueva a todos los corazones que vengan a contemplarte. ¡Aleluya!

P. Félix Ramos, CP.

feralo34@hotmail.com
 

 

Cuarta Semana de Pascua

EL RESUCITADO
“A QUIEN PERDONÉIS LOS PECADOS ...”



Huele a perdón. Sí, Jesús. En este conjunto escultórico del retablo de la iglesia Santa María Goretti “hueles” a perdón. Estás vivo por el arte de la gubia del piadoso escultor, miras y provocas la escena esculpida. En el aroma de los dos lirios, el de la virginidad y el de la gracia, que la joven Marietta frece al agresor arrepentido, va el perfume de tu perdón.

El olfato es el único de los cinco sentidos que no participó en el pecado de los orígenes, tiene su propia nobleza al servicio del alma. Por eso tú, Jesús, abundas “en el amor del Señor” (Is 11, 3). El olfato no se ve, pero se siente. Es como tu Espíritu. Marca un papel fundamental en la esfera afectiva y emocional. Y siempre en referencia a la mujer.

En el jardín encantado del Cantar de los Cantares, la Amada está en un campo de lirios inhalando aromas de nardo y áloe que le ofrece su Amado. En el libro del Eclesiástico oímos hablar a la Sabiduría personificada, que construye el santuario con aromas de toda especie (Eclo 24, 15). En Betania, María, la hermana de Marta, rocía tus pies, Jesús, con una libra de olor a nardo auténtico. En la casa de Simón, el fariseo, otra mujer unge, Jesús, con perfume especial en agradecimiento.

Te veo, Cristo, como lirio del valle del dolor, entre cardos, regado con lágrimas de los hijos de Adán, y convertido en blanco lirio que recoges el rocío del cielo y nos lo escancias en perfumes de perdón. Cristo resucitado, te proclamo como rosa perfumada, flor de la nueva creación, con cinco pétalos - llagas escondidas en el pecho - que forman el oloroso cáliz de tu henchido corazón que destila el aroma del amor. ¡Aleluya!

P. Félix Ramos, CP.

feralo34@hotmail.com
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Tercera semana de pascua

EL RESUCITADO

“LE RECONOCIERON AL PARTIR EL PAN”


Jesús resucitado, confieso que te me muestras cada día bajo las especies de pan y vino, en tu Palabra, con los nombres de fracción del pan, acción de gracias, pan de ángeles, Sacramento del altar. Nombres de gran calado teológico, surgidos de las páginas bíblicas. Te pido me dejes comer con hambre este pan y establecer una resuelta y radical analogía entre el sacramento de la comunión eucarística y la lectura de la Palabra: las dos son comida.

Para mí, Señor Jesús, esta bibliofagia, acto simbólico sugerido en tus profetas Jeremías, Ezequiel y Apocalipsis, en la Escritura, y esta teofagia eucarística en la liturgia, decantan - plásticamente - comida que quema, amor que es hambre, hambre de la Palabra que se hace carne, carne de inmortalidad que se hace vida, vida sin saciarse que se hace divina.

Jesús Maestro, el libro vivo de tu cuerpo, la hostia y el crucifijo son tales que obligan a devorarlos, me convierten en carne de tu carne, y el que la come, si a la vez está de verdad vivo, revive con esta tu comida de resurrección.

Te doy gracias, Jesús, porque te veo dándole agua a mi sed, peces a mi red, trigo a mi tierra, Pan a mis ganas de comer. Hoy consagro el Pan que multiplicas y compartes invitando a todos a tu doble mesa… Y me quedo extasiado ante el Misterio… ¡Ambos abrazados en banquete nupcial! ¡Apasionados y eucaristizados! Hoy la Pasión es Pascua! ¡Aleluya es nuestro canto!

Félix Ramos, c.p.
feralo3@hotmail.com
 

 

Segunda semana de Pascua

  EL RESUCITADO
 

 “ID A GALILEA...AHÍ ME VERÉIS”


Toda la semana, Jesús mío, ha estado resonando en mis oídos que mi vida cristiana pasa por dar de comer al que tiene hambre, visitar a los enfermos, especialmente a los que sufren por esta pandemia del covid-19. En ellos, en cada hermano que visito, encuentro tu carne, tu cuerpo, te encuentro a ti.

¡Qué calado alcanza mi meditación cuando voy descubriendo que eres tú, Jesús, quien te pones a mi lado y mendigas mi ayuda! Quiero vaciarme de mí mismo y llenarme de tu misericordia para ponerme todo entero a disposición de quien encuentro con necesidad.

Te colocaste, Cristo resucitado, a la puerta del reino de la muerte, y tu silencio en la tumba es un Sí por el que, los que creemos en ti, al ser tocados por tu cuerpo en la eucaristía, volvemos a la vida, a Galilea, a escucharte decir: “Tuve hambre y me disteis de comer …” (Mt 25, 35). De ahí que tu cruz, antaño féretro, es ahora cuna de resurrección. Tu silencio en la tumba es un fuerte Sí - Palabra eterna - que lleva vida, resurrección, cielo.

Confieso, Cristo mío, que tú, Palabra encarnada, viviste con nosotros e hiciste de nuestras carnes pecadoras cuerpos espiritualizados (solidarios) que habiten el cielo para siempre. Confieso, además, con orgullo que tu muerte en la cruz es prenda de la resurrección de nuestros cuerpos. ¡Aleluya!

P. Félix Ramos, c.p.

feralo34@hotmail.com