Los Magos de Oriente te encontraron con María y José. Ellos, con sed de Dios, te buscaban siguiendo el resplandor de una estrella, te vieron niño y te adoraron. Te ofrecieron sus dones : oro, incienso, mirra, que simbolizan reconocimiento y adoración. ¡Eres su Dios!
Yo te veo blanco en la Hostia Santa y te ofrezco el oro de mi existencia - libertad de seguirte por amor respondiendo a tu llamada - ; el incienso de mi oración ardiente para alabanza de tu gloria ¡eres mi Señor! y la mirra, es decir, el afecto lleno de gratitud hacia ti, verdadero Hombre, que me has amado hasta morir en la cruz por mí. ¡Eres mi Redentor!
Ahora, desde tu altar, me invitas con tu Palabra a que vaya a mis hermanos, vulnerables y enfermos. Y en ellos te vea a ti, el Hijo de Dios, Icono del Padre, Ungido por el Espíritu Santo. Ellos son más que tu imagen. Son tú mismo, tu Persona. En sus bocas me dices: “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve preso y viniste a verme”.
yo te alabo con las manos y si me faltan las manos yo te alabo con los pies,
y si me faltan los pies yo te alabo con el alma, y si me faltara el alma
¡es que ya morí por ti!
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