Cuaresma 3

 EL CRUCIFIJO
TU CABEZA


Muevo los ojos y los detengo en tu cabeza, Jesús. Es la parte superior de tu ser. La doblas, Jesús, sobre tu pecho, como una azucena ajada por el sol sobre su tallo: el peso de la ciencia del mal dobla tu frente. Veo tu rostro, Cristo, como oculto y despreciado con la vergüenza del linaje humano.

Aunque te veo dormido de dolor y sufriendo todo el pesar del mundo, te tuteo con todos los casos de la segunda persona de singular. Sólo tú conoces el mal en sus raíces; a ti te pesa, pues te lo apropias. Con tu visión de amor nada se te escapa, te vistes de pecado y, al perdonar al hombre, no te perdonas a ti mismo, el único sin pecado; tomaste sobre ti la triste ciencia amarga del bien y del mal y poblaste el cielo de almas que arrancaste al mundo, ladrón de energías.

Así, humillado y degradado, eres “el más hermoso de los hombres” (Sal 45, 3) como cuando Pedro vio tu rostro resplandeciente en el Tabor. Tu rostro me enseña a mí todo cuanto mi corazón necesita para acercarme a mis hermanos más débiles y vulnerables.

Me basta mirar, Maestro, a tu cabeza para que se me apague mi inmenso orgullo y se encienda en mí el deseo de ser humillado. Me estremezco, Señor, cuando pienso que yo mismo te he escupido en tu rostro, y que he arrojado sobre ti la basura de mis deseos negativos. Oigo con sorpresiva admiración la primera palabra de tus labios en la cruz: “Padre, perdónale ...”. ¡Gracias Señor por tu perdón!
 

P. Félix Ramos, c.p.

 


 

Cuaresma 2

EL CRUCIFIJO

CORONA DE ESPINAS

Vengo otra vez ante ti, Jesús, y hoy bajo un poco los ojos del INRI a la Corona de espinas; me entero que, mientras los judíos pretenden obtener de Pilato la sentencia de crucifixión, los soldados te llevan al pretorio para divertirse a tu costa, y te ponen la corona de espinas en la cabeza, caricatura de la diadema real, un manto de púrpura en los hombros y una caña, a modo de cetro, en la mano derecha; se arrodillan ante ti y te saludan entre risotadas diciendo: “¡Salve, rey de los judíos!”. (Mt 27, 29). ¡Escena de burla y humillación! ¡Parodia de realeza y preludio de dolor!

Al impacto de los golpes con la caña, la corona se mueve y cae sobre tu frente y las púas se hunden en tu delicada piel: son mis pecados que te punzan sin piedad. Y brota tu sangre caliente que te baña y me sonroja... que siente y de mí se compadece... que oye y ve y me perdona … y viene a mi mente la música del Pregón Pascual “Felix culpa”, madre del remordimiento, fuente de redención, culpa fecunda, glorioso intercambio.

¡Oh sangre redentora! ¡locura de amor! ¡dolor sabroso! Tú me borras el dejo del vinagre que el mundo me da en el señuelo de su vano consuelo. No está bien, Señor, que yo busque regalos, cuando tu cabeza está coronada de espinas. Tú pagas con espinas mis pensamientos placenteros; no está bien que yo deje de besar las heridas de tus hermanos con el bálsamo de mis caricias... Señor, me alegraré que me dejen en el último lugar.

Félix Ramos, CP.
 

 

Cuaresma 1: El Crucifijo

 1ª semana Cuaresma

El Crucifijo

I N R I



Me dispongo, Jesús Crucificado, en esta Cuaresma-Pascua a tener contigo ritmos de diálogo en oración contemplativa ante el Crucifijo del pintor sevillano Velázquez, que tengo en mi habitación. Y quiero mirarte “de arriba abajo”, como hace la Amada al Amado en el Cantar de los cantares (Ct 5, 9-16), a la inversa del Amado a la Amada que la contempla “de abajo hacia arriba”.

Y pongo los ojos primeramente en el acróstico I N R I, (Iesus Nazarenus Rex Iudeorum = Jesús Nazareno Rey de los Judíos), título de tu cruz, cartel con letras latinas en negro, bien visibles y además en hebreo y en griego, para que todos se enteren de la causa de tu condena. Te condenan porque dijiste que eras rey. ¡Tamaña mentira! ¡Injusta condena!

Y ¿qué pensaste entonces, si tú habías dicho: “Venid a mí todos, que soy manso y humilde de corazón”? Me vienen a la mente , Jesús, las tentaciones que te asaltaron en el desierto, y las que padecieron los primeros padres en el jardín. Estos perecieron, tú saliste victorioso. Por ellos el jardín se convirtió en desierto; por ti el desierto se trasformó en jardín.

Gracias a tu victoria, Jesús Nazareno, el don de la gracia, que te pertenecía a ti solo, abundó para todos, hombres y mujeres. Desde tu victoria, me es posible recuperar la conciencia de ser hijo de Dios y valorar lo que significa haber sido hecho “a tu imagen y semejanza”. Tu amor convirtió la injusta condena en salvación.

Tengo reciente la imposición de ceniza que evoca el polvo del suelo, con ella me diste un aliento de vida que me convirtió en ser vivo. El proceso es una realidad, porque tu gracia es mayor que mi pecado. Siempre puedo comenzar de nuevo, si me abro a tu misericordia. ¡Del deseo de ser alabado, líbrame, Señor!

                                                                            P. Félix Ramos, c.p.
 

 
 

 

Adviento 4

IV : CON MARIA SU MADRE

¡Oh María! la Amada del Cantar de los cantares ve a su Amado (es tu Hijo) que llega saltando “de colina en colina” (Cant 2, 8), se alegra en su corazón y le pide que “la bese con los labios de su boca” (Cant 1, 1 y ss); el ángel Gabriel viene a ti y te sorprende: “Alégrate, llena de gracia; el Señor está contigo” (Lc 1, 28), te turbas, el Espíritu Santo te toma y sientes en tu seno “movimientos” del que viene a traer un Reino de amor sin fin, y te dispones a obrar “según su Palabra”.

¡Oh María! ves a tu Hijo nacer sin techo, sin cuna, y le crees divino; le ves naciendo en el tiempo y le crees eterno; le contemplas perseguido y le proclamas dueño de todo lo creado; Él, que es la vida, se moriría si tú no le alimentas; Él, que ha creado el sol, tirita de frío; le ves aprendiendo a leer y escribir y le intuyes Sabiduría de Dios. ¡Qué colinas! ¡Qué montes! ¡Qué saltos!

¡Oh María! Tú crees ciegamente, te fías porque amas. El amor expulsa la duda, el temor. La fe no engendra evidencia, sino seguridad. Es un encuentro con Dios y su Palabra.

¡Oh María! Hoy no te pido que yo comprenda, sino que, como tú, me fíe; como tú, le dé mi voto de confianza. Y así escucharé, como tú, “¡Dichosa tú porque has creído!” (Lc 1, 45).

Señor, Protagonista de este adviento de pandemia, yo quiero que Tú obres en mí libremente y que tu Palabra me lleve y me traiga sin resistencia mía, me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras, me ofrezco a la responsabilidad y al amor doloroso, como se ofreció tu Madre. Cada uno de nosotros está llamado a “engendrar” a Dios por el mundo, como María. Así sea.

P. Félix Ramos, CP.
 



 

ADVIENTO 3


III : “ALEGRAOS, ORAD” 

 

Señor Jesús, enciendo hoy la tercera vela de las cuatro que forman tu Corona de Adviento. Esta llama es luz, alegría ¡Buena Noticia!Al encender esta tercera vela, te pido que tu luz ilumine siempre mi vida, alegre mi rostro y haga crecer mi esperanza. ¡Gracias, Jesús!
 
Hoy, tu Bautista grita su voz, ¡es provisional, pero enérgica! Es lámpara que ilumina en la noche. Haz, Señor Jesús, que yo la internalice. Tú, Jesús, eres la Palabra eterna. Sé que la voz, sin la Palabra, llega al oído, pero no edifica el corazón. Tú eres la Palabra del Padre, que ya está mí. ¡Soy habitado por Ella! ¡Gracias, Señor Jesús! 
 
Y tu Palabra, Señor Jesús, me enseña a orar, a confiar. ¡Gracias porque te hiciste mi hermano, porque me guías hacia el Padre, porque tu Espíritu me lleva de la mano! ¡Eres tan cercano! ¡Gracias por la esperanza y la alegría! 
 
Bendito seas, Jesús, porque enciendes tu luz y me das ojos para verla. En esta densa noche de pandemia, que nos asola a toda la humanidad, brillas tú, Jesús, desde los Belenes de las calles, desde las casas de cada familia, desde las iglesias. Y las tinieblas, por muy oscuras que sean, no pueden sofocarlas del todo. ¡Gracias, Jesús!
 
Haz que yo confirme con mis obras la misión que me has encomendado. Sé que me envías también a mí con el mensaje de tu luz. Quieres que yo te refleje en mis palabras y en mis actitudes. ¡Que tu Palabra se abra paso entre las sombras, para que todos seamos iluminados por tu luz!
 
P.  Félix Ramos, CP.