INSCRIPCIONES DE CATEQUESIS 2019-2020

Septiembre
2019
 
Martes y viernes

de 18 a 20h

 *Primero, segundo y tercero:
  25 euros de inscripción (incluye materiales).
* Primer ciclo traer foto tam.      carnet y nota bautismal.




Inicio de catequesis



Domingo 6 de octubre
12h 

Catequesis de iniciación (comunión).
Perseverancia
Jóvenes

¡Te esperamos!

PENTECOSTÉS


En los orígenes del mundo está presente el Espíritu de Dios que “aletea” sobre las aguas: es lo que llamamos el inicio de la creación.

En la concepción de Jesús está presente el poder del Altísimo (Espíritu Santo) en María: es lo que llamamos la Encarnación del Hijo de Dios.

En el nacimiento de la Iglesia está presente el Espíritu Santo: es lo que llamamos Pentecostés.

Ahora bien, si orar es aprender a llegar al corazón del mundo y del hombre para encontrarnos con el Espíritu de Dios-Misterio que ama a los que habitan en él y que es Fuego que alienta, ilumina, desentumece, pone en movimiento … y que es Viento que empuja a avanzar y vencer … tiene razón el Apóstol Pablo cuando dice a los cristianos que el Amor de Dios es irrupción del Espíritu en nuestros corazones y que nuestra tarea es vivir “según el Espíritu”.

Por eso confesamos que “vivir según el Espíritu” es:

1. Relacionarnos con el Espíritu Santo, relación de amor y atención a todo lo que a El se refiere: Amar y servir.

2. Respetar todo lo creado en la naturaleza, porque posee un valor intrínseco al ser la realidad del “aleteo” del Espíritu Santo en la creación: Laicidad y ecología.

3. Ser conscientes, a nivel personal y social, de las consecuencias (benéficas o funestas) de nuestros actos en referencia al Espíritu de Dios: Cercanía y testimonio.

4. Cooperar a la acción del Espíritu. Su irrupción e iniciativa es la ley universal de la evolución, no competitiva sino interdependiente: Apertura y misericordia.

5. Ser hospitalarios. El principal huésped de nuestro ser es el Espíritu, al que pertenecemos como su campo en el nuevo nacimiento: Templo y adoración.

6. Ser portadores del Espíritu, diverso en unos y en otros. La diversidad y la tolerancia activa completan la realidad: Ternura y compasión. 


 7. Ser partícipes del los dones del Espíritu. Porque todos somos miembros de la misma familia, obra de Dios y por el mismo y único Espíritu proclamamos a una sola voz, 


¡Jesús es el Señor! ¡Alfa y Omega! ¡Principio y fin del Universo!

                                                                  P. Félix Ramos, C.P. 



Pascuales 3


LE RECONOCIERON 
AL PARTIR EL PAN 
(Lc 24, 35)

El término “conocer” ocupa en la literatura bíblica y en la tradición cristiana un lugar considerable y una significación muy rica. No en un contexto de ciencia, sino en un contexto de vida; desborda el saber humano y expresa una relación existencial. Sobretodo, si se trata del conocimiento de Dios; supera el nivel de los sentidos y penetra el nivel emocional y volitivo. Conocer significa reconocer, abrir los ojos, tener relación con, entrar en intimidad con, amar.


RECONOCER A JESÚS RESUCITADO en la eucaristía es descubrir, por la acción del Espíritu de Dios, el misterio de Jesús, cuyo mensaje suma más dar que recibir, entregar la vida que guardarla, escuchar la Palabra que amamantarla, menguar que crecer, humillarse que ensalzarse, perder que ganar, porque perder tierra es ganar terreno, si hay amor.

RECONOCER A JESÚS RESUCITADO en la eucaristía es descubrir, a la luz del Espíritu Santo, que nuestra misión en este mundo es vivir desde el ser, superando los sucedáneos del mismo, en los que los humanos solemos sucumbir; estos son tres: el tener (la codicia), el poder (la ambición) y el aparentar (la vanidad). Triple tentación que el mismo Jesús de Nazaret experimentó en su etapa de desierto (sombras, tentaciones, demonios) y de la que salió victorioso. En ella también nosotros vencemos por la entrega, el servicio y la adoración.

RECONOCER A JESÚS RESUCITADO en la eucaristía es penetrar, por la gracia del Espíritu, en el misterio de Cristo, del que hablan todas las páginas del Nuevo Testamento, en especial Mt 5, 1-12 (las Bienaventuranzas, “Dios los consolará”) y 1 Tim 3, 16 (himno litúrgico), en la forma de “pasivo divino”, tan frecuente en las Escrituras, que es el uso de la voz pasiva en las acciones realizadas por Dios.
 
F.R.L <feralo34@hotmail.com>

Pascuales 2


CANTAR EL ALELUYA EN PASCUA es celebrar el Misterio Pascual (pasión, muerte y resurrección del Señor), es decir, vivir y celebrar los sacramentos pascuales, bautismo y eucaristía. Estos nos hacen participar de los frutos de aquel. La gracia bautismal y eucarística es tan evidente que no debemos dejar pasar la ocasión que se nos ofrece de profundizar en la significación de nuestra vida de bautizados.

CANTAR EL ALELUYA EN PASCUA significa aceptar la salvación que Dios nos ofrece en su Hijo Resucitado, luchar contra el mal y sus causas, y adorar … porque la felicidad humana es tener experiencias de Dios a pesar del mal; el cristianismo tiene motivos para esperar más allá de la muerte, porque la gloria de Dios es la vida del hombre. Estos tres verbos: aceptar, luchar, adorar, son las actitudes que explicitan el protagonismo del Espíritu de Dios en la creación y el compromiso del hombre en la historia de la comunión fraterna, expresada en las obras de amor y de misericordia.

CANTAR EL ALELUYA EN PASCUA es celebrar el sacramento de la nueva creación; Dios, después de haber creado al hombre, sigue en el presente extendiendo su obra, que es una nueva humanidad, humanidad de mayor participación de su vida divina.

CANTAR EL ALELUYA EN PASCUA es celebrar en la Resurrección de Cristo que Él manifiesta su papel de nuevo Adán y de primer nacido de la humanidad nueva, humanidad a la que Pablo Apóstol añade con gusto los títulos de Hombre Nuevo, Hombre espiritual, Hombre interior.

CANTAR EL ALELUYA EN PASCUA no
es sólo traer a la memoria el acontecimiento milagroso de la salida de la tumba, sino tomar conciencia de que a partir de este momento un nuevo tipo de hombre ha venido al mundo, del que participamos por el Bautismo. ¡Aleluya!

                                  Félix Ramos Lores, c.p.

Pascuales 1



ALEGRARNOS EN LA PASCUA es quitarnos el miedo que es la causa fundamental por la que tenemos cerradas las puertas de nuestro corazón. Dios nos busca siempre, aun en nuestro miedo, y para darnos coraje nos muestra la herida de su costado y las llagas de sus manos, es decir, nos hace ver y tocar que el Resucitado es el Crucificado, que es en la cruz donde está la luz, que la vida surge desde la muerte. Este es el descubrimiento más radical y la causa de la verdadera alegría.

ALEGRARNOS EN LA PASCUA es escuchar “la Paz esté con vosotros”, y acto seguido, la investidura “Recibid el Espíritu Santo” y la autoridad que va pareja “a quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados”, es decir, tenemos la capacidad de sanar si acogemos al Espíritu Santo, pues es Él quien sana por nuestro medio.

ALEGRARNOS EN LA PASCUA es aceptar la nueva revelación que se nos da, aunque tengamos las puertas cerradas, porque es Él quien nos busca, más que nosotros a Él. El Resucitado nos dice que si queremos huir del cáncer de nuestro egoísmo y de la duda, debemos meter las manos en las heridas de los hombres y mujeres, acercarnos al sufrimiento humano y no huir de las tinieblas del mundo, luchar contra el mal en todas sus manifestaciones y descubrir que merece la pena confiar.

ALEGRARNOS EN LA PASCUA significa cuántos costados heridos y manos llagadas hemos visto últimamente y cual ha sido nuestra reacción ante ellos.

ALEGRARNOS EN LA PASCUA es cantar el ¡ALELUYA! con el corazón y con las manos.
                                        Félix Ramos Lores, c.p.
 


                                      
 
¡Feliz Pascua de Resurrección!
Parroquia Santa María Goretti